Those days

Esta madrugada está llena de paz y no puedo más que estar agradecido con la vida por esta tranquilidad. Hace mucho no lo sentía, y de hecho hace un par de horas estuve a punto de tener un ataque de ansiedad. La vida aun no es fácil, pero estos momentos de paz, dibujando en mi ipad, tomando un mate de hierbas serranas en el silencio de la noche hace que todo tenga un poco de sentido.

Mientras escucho a Vampire Weekend y veo el humo del agua caliente salir por un pequeño orificio del termo pienso que soy muy afortunado de estar mejor, de no tener que estar lidiando con sentimientos oscuros que alguna vez estuvieron aquí. Sin embargo también soy consciente de que mi lucha con la depresión o con la ansiedad no ha terminado y que incluso mañana podría ser un día difícil.

Anoche fui a comer comida coreana. Estaba horrible, aunque la experiencia ha sido buena, algo sobre lo que hablar en la proxima reunión de amigos. Tomé una bebida de sandia que estaba genial. También tomé un jugo con burbujas de tapioca y algo parecido a un yogui, pero con más cosas encima. Estaba bueno. No sé por qué escribo estas trvialidades. Tal vez algún día necesite recordarlo. Recordar que hoy fui a Arenales. El lugar al que solía ir cada sábado cuando era otaku a mis 15 años. Definitivamente los amigos de antes no están (todos eran mucho más mayores que yo) Y cuando intenté buscar un poster de uno de los animes que veía en esos tiempos me dijeron que no tenían cosas antiguas.

El tiempo se ha ido volando. Arenales ha cambiado muchísimo,. Ya no es el lugar tranquilo e íntimo que solía ser. Ya no es más el centro comercial casi muerto con muchos locales comerciales vacíos. Ya no existen las bancas en las que solíamos sentarnos a hablar con mis amigos. Hay mucha comida asiática. Hay muchos locales de comics. Hubo, incluso, una zona de concierto. Fue una locura.

De todas formas, lo que más se extrañó fueron esas caras conocidas. Esos sábados tratando de buscar a tus amigos o simplemente sintiéndote único por ver ciertas series que los demás no veían. O sintiéndote tan cool por llevar más pines metálicos en el morral o por tener más pulseras punks que solían abundar en esos tiempos.

You taste like birthday

Ayer fui al concierto de una cantante cuya música descubrí este último verano. Tan solo unas semanas atrás estaba pensando en esto, sin imaginar que la vida me sorprendería de esta forma. Ha sido una buena noche. Una noche no muy pomposa, pero si llena de emociones y buenos recuerdos cercanos de este verano. La música de Luz Pinos está llena de emociones y como le dije: Es mágica.

La semana pasada volví a publicar un dibujo en mi página. Lo he hecho sin pensar y resultó setirse bien. Es bueno pensar que estoy haciendo algo bueno por mi. Y aunque el algoritmo de Instagram es una verdadera estupidez, simplemente me hace bien comenzar a trabajar un poco más en mi.

Y anoche soñé nuevamente con ella. Se veía tan extraña, pero a la vez sentí esa calidez de la última vez. Y a esa calidez me refiero a su actitud de ser siempre tan positiva y a la vez tan amable cuando estabamos solos. Cuando en realidad yo sé, que en mi mente siempre habría un debate eterno sobre su irracional e incomprensible comportamiento cada vez que nos alejabamos unos diez pasos.

Y hubieron unos besos que me hicieron sentir lleno. Hubo uno sonrisa pícara y unos párpados cerrándose como en cámara lenta. Y es que en realidad todo parece estar en cámara lenta a su lado. No sé si es que ella sienta lo mismo, o si no sienta nada. No quiero pensar mucho más y solo disfrutar un poco el sueño, pero si pudiera decirle algo sería: You taste like birthday.

Aunque sea solo en sueños

Tuve un sueño que parecía real y en él estabas tú, nuevamente. Lo loco de todo es que hace mucho no pienso, y nisiquiera creo en ti ¿Y sabes algo? Me hizo sentir vivo, aunque sea por unos tontos minutos, aunque sea fuera de este plano. En un instante todo parecía real y nisiquiera pensé por un momento que podría tratarse un sueño del que tuviera que despertar. Y cuando me tocó entrar en la reaidad, no sentí ni un poco de remordimiento. Le agradecí a la vida por alguna vez haberte tenido tan cerca de mi. Y aunque hoy estés tan lejos, siempre habrá una oportunidad para estar juntos, aunque sea solo en sueños.

Y si todo se pone difícil

Ayer fui al cine después de más de dos años “como para recordar lo que hacía cuando la vida solía ponerse difícil”, Fue una buena experiencia; aunque esta vez no pude con un litro de soda, aunque esta vez no pude con la porción de “cancha”, aunque nisiquiera pude con las papitas del rancio hot dog ¿Cómo olvidar los días en los que ir al cine era todo lo que tenía? ¿Cómo olvidar todas las películas que ya no recuerdo?

Sincaramente estos no han sido días tan buenos. He estado con un poco de ansiedad y me cuesta manejar la vida en sí. He estado pensando que sería buena idea retomar terapia, pero también no quiero admitir que todo no está bien tan fácil. Y no, no es que piense que ir a terapia es para débiles, pero quiero pensar que toda la terapia del año pasado realmente ha servido.

Y si todo se pone difícil de nuevo, sé que puedo ir al cine.

Pandemia infinita

Hace unos días soñé que me hice tiktoker y que bailaba con un grupo en la casa de mi tía. Me sentí tan frustrado por el hecho de haber caido en usar TikTok en esta época tan tardía de la pandemia. Hace solo unas semanas descargué la app y tengo que admitir que han habido días en los que me he pasado al hasta dos horas de mi vida deslizando los videos. Y es irónico porque es tan improductivo. Menos mal, decidí no instalarlo antes o creo que mi época de cuarentena había sido la más llena de culpa

Durante estos dos años y algo más de pandemia me he sentido tan protegido por la misma. No me he sentido culpable por no tener una vida social tan activa. Pero está pasando lo inevitable. La normalidad está llegando a Lima. Poco a poco veo como mis amigos que solían mostrar sus fiestas, bares, viajes vuelven a mostrar su activa vida social. Y el problema es que yo aún sigo en plena cuarentena.

Miedo a perderme

Ya no tengo miedo a que no vuelvas. Ya no tengo miedo a que te vayas. Ya no tengo miedo, si quiera, a que te asomes a mover todo lo que está en su “lugar”. ¿Qué si te quiero? Claro que te quiero, pero menos que ayer. ¿Que si te extraño? claro que te extraño, pero con un tanto menos de añoranza.

Y no es que me haga el fuerte, porque claro que aún tengo miedos. Miedo a pasar entre tanta gente, por ejemplo, miedo a la rutina algunas veces, miedo a los ataques de ansiedad aún, miedo perder el control de mi vida, pero si hay algo a lo que le tengo más miedo es a perderme a mi mismo.

Por eso te dejo ir.

Te quiero, pero…

Ultimamente he estado pensando en ti cada vez que cierro los ojos. He estado viendo tus fotos, escuchando tu voz y conociendote aún sin conocerte. Sé que el papel aguanta más que una conversación así que lo diré: Te quiero, pero no pienso luchar una batalla perdida. Te quiero, pero sé que no es suficiente para romper barreras, el tiempo, o el pasado. Así que que te quiero y te querré en silencio.

Extrañando a alguien que aún no conoces.

Estoy detrás de algunos pasos perdidos, de unas noches con brisa helada, de un puñado de sueños ovidados y de un montón de atardeceres fugaces. Tal vez detrás de ti, quizás buscandote a ti o de repente solo huyendo de mi mismo.

He notado que has visto mi perfil, que has pasado unos minutos viendo algunas fotos olvidadas Notando, tal vez, la forma tan llorona en la que escribo en las noches, o todas esas publicaciones peleando con fascistas. Seguro te preguntaste por qué solía tenía esa clase de amigos. Tal vez visto uno que otro saludo de cumpleaños y viste que hay algunas personas que me estiman más de la cuenta.

Y no pienses que estoy loco, no pienses que soy solo un chico promedio. Porque nunca digo todo lo que pienso. No me sale tan bien discutir en público y cada vez que pasa, casi siempre lo lamento a los cinco minutos. Casi siempre suelo sobreanalizar mis palabras. Y eso también duele un poco lo admito, pero qué hacemos si he aprendido a vivir así, cariño.

Noche de flashback

Estoy tomando unos mates y también haciendo un flashback de recuerdos del año pasado. No puedo más que estar agradecido por un 2021 y aún así pensar en cada tragedia y recuerdo de ansiedad. Pienso en los días en los que le detectaron cancer a mi hermana Eunice, o como cuando me llegó la noticia del asesinato de mi buen amigo Iraam. O las noches de ansiedad con el autosabotaje de gran escala que tuve que vivir a mediados de Junio, Julio o la ansiedad que le siguió.

Entre las cosas que he disfrutado, ha estado el hecho de conseguir un trabajo en lo que más amo que es la ilustración ¿Quién iba a pensar que pasaría? ¿Quién iba a pensar que aquel niño que soñaba con trabajar en La Liahona podría tener una oportunidad similar. Yo no, por lo menos en los años anteriores no. Entonces no me queda más que agradecer a los cielos por esta gran oportunidad.

El 2021 también ha unido mucho a mi familia. No solo hemos aprendido cómo hacer buenas papas al horno, o la mejor panceta oriental a la parrilla. También hemos podido servirnos entre nosotros. Hemos sabido dar la mano y sostenerla. Hemos corrido hacia muchos lugares juntos y hemos aprendido a amarnos más.

¿Por qué no mencionar a buenos amigos? También me ha pasado. He conocido a muy buenos amigos, He aprendido a conocer mejor a las personas y saber que NO, no puedo contar con todos en cada momento de la vida. Es así, hay amigos para cada circunstancia y no creo que esté mal.

Y vuelves

Y entonces yo sé que siempre volverás. Sé que necesitas de mí de vez en cuando. Sé que hay días en los que solo deseas oír mia palabras y sentir mis caricias. Me tranquiliza la idea de que pasaran algunas semanas y nuevamente tocarás esta puerta y yo sabré que eres tú quien está de vuelta en casa, aunque sea solo por un tiempo.

Hoy me he dado cuenta de algo: Que aunque tenga muchas ganas, yo nunca volveré a ti. Y sin embargo soy yo quien más piensa en ti, también formo parte de aquel inconsciente que todas las noches sueńa contigo, aquel que cada madrugada desea que “vuelvas”.